Ser temido o ser amado, esa es la cuestión

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Martin Llanos

Por: Martin Llanos

“De crudelitate et pietate et an sit memus amari vel timeri, vel e contra” que en la traducción vendría a ser “crueldad y humanidad: ¿Es mejor ser amado que ser temido, o viceversa?” dicho por uno de los pensadores y analistas más relevantes del arte de la política, Nicolás Maquiavelo.

En sus escritos del famoso libro “El príncipe”, Nicolás Maquiavelo, se refiere a como debe ser o por lo menos como debe hacerse ver un príncipe, en la actualidad un gobernante por supuesto.

Ante tal circunstancia, el autor recomienda ser amado y temido porque ambas cosas son convenientes, al mismo tiempo sugiere que si hay que prescindir de una de ellas por su dificultad de conciliar, es mejor ser temido que amado por cuestiones del mantenimiento del orden.

Bueno, ese es el pensamiento de Maquiavelo en la época antigua, que por cierto fue muy practicada por muchas personalidades del ámbito político digámoslo así en el transcurso de la historia.

Ya adentrándonos en nuestro medio, mucho me temo que esta cuestión del amor y odio puede ser advertido por la ciudadanía respecto de nuestros gobernantes, en cada acción que se va tomando ante situaciones coyunturales adversas.

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No sé si se tomaron en serio estas por demás famosas recomendaciones de Maquiavelo en la antigüedad a los príncipes o solo sucede por inercia o mera coincidencia, lo que si es cierto, y se ve en las calles de nuestra ciudad (La Paz), por lo menos en estas últimas semanas, son actos violentos por parte de la fuerza pública ante sectores vulnerables como el sector de los discapacitados que reclaman un bono por sus condiciones físicas, o el último acontecimiento con trabajadores de Enatex, que fueron duramente reprimidos por la policía ante la demanda de sus fuentes laborales.

Puede ser que en la práctica estricta de las cuestiones políticas surta efecto esto de ser temido antes que amado, pero ante los ojos de la gente, de los ciudadanos, estos hechos donde prevalece la violencia desigual entre agentes armados y el pueblo desvalido, la percepción general es de reproche y rechazo hacia el gobierno.




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